lunes, 11 de abril de 2016

Recuerdos del paraíso (II)


Tengo cuatro años.

Esta mañana, el pueblo aparece como un Castroforte de Baralla cualquiera, flotando

entre la nada.

Una nada blanca, absoluta, terrorífica y hermosa a la vez.

Sólo los balcones destacan entre el blanco de las casas y la nada.

Una nada fría, húmeda, poderosa.

El rojo de mi impermeable rompe el blanco de la nieve, como la sangre de un

pájaro abatido.

Es mi primera nevada.

Mi primer gran silencio.

jueves, 7 de abril de 2016

Recuerdos del paraíso (I)


Una mañana de sol, de verano.

La luz se filtra entre las hojas del castaño, el aire saturado por el aroma de los higos que,

lentamente, se pudren en el suelo.  

Escarbo en la tierra, en el jardín. Conmigo está una niña, algo mayor que yo.

Me dice que si sigo cavando, pronto llegaré al infierno.

Aunque continúo, lo hago cada vez más despacio, hasta que dejo de hacerlo, asustado, pues

empiezo a adivinar a Satanás, allá en el fondo.

Ha pasado mucho tiempo ya, he excavado muchos túneles, y él sigue acechando.

La lucha continúa. 

lunes, 4 de abril de 2016

Hay que partir



Leo Los Papeles de Aspern mientras el sol despunta tras La Salute, en la terraza del Bauer.

Las aguas del Gran Canal golpean quedamente en los escalones de piedra del 

embarcadero.

A pocos metros, aguas arriba, reposa el palazzo donde Sebastian Flyte y Charles Ryder 

pasaron unos días, aquel verano, en Venecia.

En frente, aún se escuchan los pasos de Ezra Pound, paseando su silencio por Dorsoduro.

Las campanas vecinas de San Marco anuncian la Resurrección. Su música se une al 

incesante clamor de las gaviotas.

Hay que partir

La estela de una góndola dibuja el destino del viajero, que se va desviando lentamente,

hasta ir a morir sobre los escalones de piedra, entre las algas, en un silencio ahogado. 



                                         Intenté escribir el Paraíso
 

                                         No te muevas
         

                                                   Deja que hable el viento
                  

                                                                       Ese es el Paraíso.
 

                                         Que los dioses perdonen 

                                                                       lo que he hecho

                                         Que aquellos a quienes amo intenten perdonar
          

                                                                       lo que he hecho.

                                                                                 Ezra Pound, Canto CXX



 

miércoles, 30 de marzo de 2016

Vuelta al invierno


Pues nada, que hemos vuelto al invierno.
Pero al invierno a destiempo, con chimenea y aviso de nieve.
Así que vamos a echar mano de Montaigne, de Anxel Fole y de Pla, y así, despacio, dejando
cantar al silencio, que el fuego y el temporal nos envuelvan y nos llenen de paz y sosiego.



                  
                        

martes, 29 de marzo de 2016

Nocturno veneciano


Una rata

atraviesa a la carrera

la Piazza San Marco,

en esta húmeda y serena

noche veneciana.

La luna,

tan alta, tan llena,

ilumina la escena

como en una película

de Rossellini.

Sólo nuestros pasos,

y el inquieto zig-zag

de la rata,

quiebran el silencio

que nos envuelve

en esta noche soñada,

sólos tú y yo,

en Venecia.




miércoles, 16 de marzo de 2016

Qué pena...


Qué pena doy cuando estoy sólo.

Voy de un lado a otro,

como un mendigo,

buscando disfraces 

con que paliar tu ausencia.

Cojo un libro. Luego otro. 

Ninguno me sirve.

Nada de poesía social, qué va.

Ni Pessoa ni Rilke.

Bastante tengo ya 

con mis propias soledades.

¿Machado?

No. Me niego a asumir la pena.

Tampoco Karmelo. Ni Roger Wolfe.

Podría cogerle gusto al fracaso.

Volveré a ellos más tarde, 

cuando la tenga a mi lado.

Quizás, como otas veces,

García-Máiquez me ayude

a pasar este trago:

la alegría de vivir, la familia,

la rutina, la Fé, la Gracia.

Parece que oigo la puerta.

Sin duda es ella. Ya en casa.

Dejo a Enrique sobre la mesa.

Le doy de nuevo las gracias.

Me pongo a leer a Karmelo,

y saludo como si nada.

Llueve en San Sebastián.

Sólo en un café. De madrugada...

Qué fácil la soledad soñada

cuando, tras tanta agonía,

vuelvo a tenerla en mis brazos.



lunes, 14 de marzo de 2016

Se abre paso la primavera


Vuelve la primavera al jardín, valiente en medio de las tormentas y vendavales del

invierno,que no dsu brazo a torcer. Aunque se sabe perdido, pues las sencillas flores del 

cerezo, con su humilde expresión de amor, con su belleza silente, hacen que rayos y truenos

no parezcan otra cosa que los patéticos aspavientos de un loco, de esos que nos hacen

mirar hacia otro lado, indulgentes, pero cansados ya de tanto desatino.
 
Entretanto, los mirlos comienzan su canción.