miércoles, 22 de julio de 2026

Islas

Estoy en La Isla. Una isla que no es tal, pues el mar no la rodea, sólo le pasa el brazo por la cintura, aunque a los efectos sea tan isla como nosotros queramos, porque de isla tiene el sosiego, el relax, la calma que las islas supuestamente aportan, con su acceso limitado al barco o, en este caso, al escape mental. 

El mar estaba revuelto, el mar del verano de Helena. Quizás fuera el nordeste, no lo sé, el caso es que el baño quedó pospuesto, sustituido por su contemplación: blancas espumas sobre verde esmeralda, cielo partido por gaviotas navegando… Y la ensoñación, llevándote del barco de Odiseo a un oscuro café de Alejandría, de figurante en la playa de un cuento de las cuatro estaciones a vecino de Henry Miller en Big Sur.

Hoy, que debería estar en Biarritz, resulta que estoy aislado en una Isla que no es tal.

Hagámonos, pues, a la mar.















domingo, 5 de julio de 2026

Duerme…

Duerme en el viejo sofá color topo.

De las hojas del limonero gotean 

los restos de la lluvia de esta tarde.

Más allá, disputa la torcaz a unos

cuervos la rama más alta del cedro.

El gato dormita. También el perro.

Y duermen los libros sobre la mesa, 

esperando, pacientes, mi atención.

Vuelve a llover, y la torcaz zurea, 

vencedora, allá arriba, en su destierro.

Dejará de llover, empezará 

de nuevo. Ganarán ahora los cuervos, 

los limones crecerán… 

Cuántas tardes así, tras la ventana,

viviendo el milagro de la creación… 

La huída del tiempo, la espera serena.

La vida callada, la ensoñación.








sábado, 27 de junio de 2026